domingo, 4 de mayo de 2014

OK COMPUTER

Cuando hace dos meses y medio de mi última entrada, me explico. Mi ordenador se murió poco después de volver de Londres, y aún no me he sacado uno nuevo de por ahí. Eso limita mi actividad como blogger, que ya antes era más bien discreta. En cualquier caso, el tiempo libre disponible no ha sido muy allá, ni muy abundante, de modo que no podría haber garantizado más que, quizás, una entradilla más en este tiempo.

De modo que vamos por partes. Escribía allá por febrero, el día antes de mi primera visita a Londres. Todo el mundo conoce Londres, así que quizás la visita sólo merezca algún comentario suelto. El primero, reseñar lo que la mayoría refrendaréis. Londres mola. Es cierto que la escala de la ciudad se va un poquito de madre, pero eso hace incluso un poco más espectacular el hecho de no dejar de sentirte en un pequeño barrio, aún en el centro de esa masa ingenteSegundo, el English Breakfast está muy bien, pero apostaría las pocas coronas que tengo a que los ingleses no desayunan eso, porque no se ve mucho obeso por la calle. 

English Breakfast (por si no se ve bien: bacon, huevos, tostadas, salchichas, setas, salchichas y un café).
Tercero, que el Shard de Renzo Piano no es tan terrorífico como parecía y que, de hecho, la vista in situ le da muchos puntos. 
Y, por último, y no menos importante, que María Mariño y yo vimos a Jennifer Lawrence y Matt Damon, entre otros, en la alfombra roja de una pre-party de los premios BAFTA, que eran ese fin de semana en Londres. (Hala).

Shard London Tower (Renzo Piano, 2012).
Siguiente parada, Helsinki en el segundo fin de semana de marzo. Ésta es una ciudad un poquito más desconocida para todos, seguramente. Es nueva. O al menos, nueva en comparación con Londres, Roma o, ya puestos, Estocolmo. Esto da lugar a que el centro de la ciudad (no muy grande, dado que tiene algo más de medio millón de habitantes) se alternan edificios antiguos, de finales del XIX o principios del XX con arquitectura racionalista que tanto nos gusta a los arquitectos y tan poco al resto del personal. 

Kampin Kappelli (Capilla del Silencio) (Kimmo Lintula, Niko Sirola and Mikko Summanen, 2012).
Para no aburrir mucho, destaco que tienen euros, lo cual abarata en un 10% la Cheeseburguer en el McDonald's, destaco la arquitectura de Alvar Aalto (claro), el Templo del Silencio, la Temppeliaukion kyrkko, y el fuerte de la isla de Suomenlinna, del siglo XVIII, cuya peligrosidad no es nada desdeñable por culpa de las terribles rachas de viento. 

Fuerte en la Isla de Suomenlinna, Helsinki.
Tercer viaje: París. No sé si fue mejor o peor que los otros dos. Lo seguro es que fue mucho más cansado, mucho más arquitectónico, y mucho más rentable, dado que pagaba la oficina. El motivo de este viaje fue la inauguración de una exposición monográfica sobre el estudio en la Galerie d'Architecture (http://www.galerie-architecture.fr/), para la cual tuvimos que trabajar algo en el montaje de la exposición. El resto del viaje, cinco días, sirvió para visitar muchísima arquitectura contemporánea, y poquito de lo tradicional a ver en París. 

Inauguración de la exposición de Tham & Videgård en la Galerie d'Architecture en París.
Todo el mundo de la oficina había estado ya allí, así son las cosas. De modo que cuando yo comentaba que nunca había ido, me miraban un poco raro. 

Villa Savoya (Le Corbusier, 1929).
Resumiendo un poco: hicimos póker de Le Corbusier (Maison La Roche, su apartamento, Villa Savoya y Pabellón Suizo), visitamos varios puntos de vivienda colectiva, destacando las nuevas viviendas de Île Seguin. Vimos un conjunto brutalista de los años 60 de Ivry-sur-Seine, donde conocimos a la arquitecta de una parte, Renee Gailhoustet. También visitamos la ciudad universitaria, donde además de ver el Pabellón Suizo, entramos en la Casa de Brasil, de Lucio Costa. Estuvimos en la sede del Partido Comunista de Niemeyer...

Vivienda en Ivry-sur-Seine.
Vamos, que mil cosas, mil sitios, y muchos kilómetros, afortunadamente compensados por cenas pagadas por la oficina en las que no parecía que se reparara en gastos. Que si degustaciones, que si mariscadas y cerveza, y vino, y champán. Así cualquiera. 

Vista del Sena desde la azotea del Instituto del Mundo Árabe (Jean Nouvel, 1987).
En definitiva, un empacho. ¿Y en Estocolmo? Pues en Estocolmo, trabajar más que otra cosa. En la oficina hemos entregado el concurso de un hotel en el sur de Suecia, un par de casas para el concurso de Casa del Año del Architectural Review... y tampoco mucho más. También he entregado el otro día el concurso de arquia y quedo a la espera de ver qué dice Campo Baeza sobre ello. 

Tuve además alguna visita, lo cual me hizo hacer cosas que, por turísticas, no había hecho antes, como recorrer la isla de Djurgården o el palacio Real.

Por otra parte, la primavera se pasó dos semanas por aquí. El fin de semana de Semana Santa y el pasado fueron magníficos. Hoy nevó, de modo que a saber cuándo empieza el buen tiempo de verdad. En cualquier caso, ha dejado un muy buen día comiendo al lado del río en Uppsala, un recorrido por Skogskyrkogården con el tiempo soleado, o Kunsträdgården abarrotado de gente y con los árboles florecidos. 

Río Fyris de Uppsala.
Esto va para largo, así que sigo aplazando para otra entrada las últimas lecciones sobre la noche estocolmesa y demás cotidianidades.

miércoles, 12 de febrero de 2014

De vuelta a Invernalia.

De un tiempo a esta parte (concretamente desde hace casi dos meses y medio), tengo cierta presión mediática para que renueve este blog. Claro está, que dicha presión es sólo por parte de familia y amigos de la familia, a la postre, a los únicos que realmente les interesan las tonterías que voy escribiendo. En cualquier caso, voy a intentar contar un poco lo que he ido haciendo últimamente, de vuelta de navidades. 


Longaniza de Avilés en Casa Lin.
Para empezar, hay que citar las últimas fiestas de Navidad, pero en ningún caso consideradas vacaciones. Uno no echa las cosas de menos hasta que no las consigue hacer y, sobre todo, acaba valorando más esos pequeños momentos como, por ejemplo, algo tan nimio como tirarse en el sofá a ver la televisión por un rato. Por otra parte, el contraste resalta cosas que la sociedad sueca no tiene, y viceversa. A saber: aquí no se lleva lo de invitar a la gente o comer de cañas y tapas, y en España no se lleva lo de salir de noche y que todas las chicas sean rubias. 


Siguiendo con un orden lógico, la vuelta a la rutina me pilló, sin saber muy bien por qué, con una indiferencia máxima, aunque bien es cierto que la primera semana me costó un triunfo no dormirme en la oficina en varias ocasiones. De todas maneras, el trabajo se fue agilizando, llegando a un punto culmen hace dos o tres semanas, cuando hubo que quedarse trabajando todo el fin de semana del 25 y 26 de enero, y hasta las dos de la mañana otro día en la oficina porque había que entregar el concurso del centro cultural de Örebro. Locura de horarios, y hasta la citada localidad a entregar el viernes 31 los becarios maqueta y planos de la propuesta. Pese a no dar un duro por ello hace un mes y pico, la verdad es que no salió del todo mal. No puedo decir nada más.

Enlazo con la parte cultural de esta entrada hablando de mi nueva ciudad conocida, Örebro. Datos: se sitúa en el centro de Suecia, con una latitud similar a la de Estocolmo. Tiene alrededor de los 100.000 habitantes, y como monumentos más importantes, tiene un par de iglesias, el Castillo, la Torre del Agua (conocida habitualmente como Svampen (la seta), y que tiene un mirador con terraza, que cerraron porque la gente subía a suicidarse (true story)) y, con un poco de suerte, el Kulturkvartet de mi oficina en un futuro más bien lejano (esta gente no sabe tomar decisiones, y así las cosas tardan en construirse una barbaridad, pero también se tarda en resolver un alzado o decidir fotos para un libro...). 


Nikolai Kyrka de Örebro (Siglos XIII-XIV).
Final de los datos. Inicio de mi opinión personal. El castillo chulo por fuera, que fue lo que vimos. Lo único de más que digo, que ni se os ocurra perder el tiempo en ir. 


Castillo de Örebro (Siglo XIV, reconstruído entre los XVI y XVII).
Más cosas que haya visto nuevas... Resulta que en el Skogskyrkogården han hecho un nuevo crematorio, obra de Johan Celsing que se terminó el año pasado, que es el mismo que hizo la Bonniers Konsthall en 2006, y fuimos el miércoles de la semana pasada todos los de la oficina a verlo porque amablemente nos lo enseñaba un paisano de por allí. Es un edificio bien, de ladrillo y sin mucho alarde. De esos que los suecos dejan de lado muchas veces, y que tan bien les iría si no lo hicieran. 


Nuevo Crematorio en Skogskyrkogården (Johan Celsing, 2013).
Y hablando de lo que hacen los suecos, también he estado en la Feria del Mueble el fin de semana pasado. Es una cosa bastante grande aquí, donde exponen bastantes empresas y que mueve a mucha gente en Estocolmo, incluídas las oficinas de arquitectura y diseño, que hacen fiestas durante esa semana, en las que para nada puedes beber vino y cerveza a reventar un jueves por la noche y llegar a tu oficina a la mañana siguiente con una resaca brutal. 

En cuanto a la feria en sí, imaginad la Feria de muestras de Gijón, pero sólo de muebles, en algunos casos con diseños bastante chulos. También coges papeles y catálogos de todo, y buscas al llegar, en este orden de prioridad: un plano de los stands, una bolsa para meter mierda (aquí no la había de La Nueva España, fallo, hubo que buscar más), y luego ya, comida y souvenirs que van regalando por ahí. Al final, un par de cafelitos y algún trozo de pizza conseguimos mangar por ahí.


Propaganda de la Feria del Mueble.
El caso es que, otro punto a favor de esta sociedad sueca, los días en que abre a todo el público hay mucha gente, y eso que la entrada cuesta 250 coronas (yo, claro está, entré gratis, porque Álex distrajo nuestras entradas de entre la publicidad de uno de sus jefes).


Elementos diversos en la Feria del Mueble.
Se ve que dos meses y medio dan para más de lo que pensaba, porque esta entrada me está quedando larguilla ya. De todas formas, hay más episodios que comentar. He estado ya dentro del Moderna Museet. Lo malo es que, al ir cuando era gratis en viernes, era ya de noche, con lo que los lucernarios de Moneo tampoco se aprecian muy allá. De todas formas, la exposición permanente tampoco era una pasada (artistas suecos, un par de Picassos, un Braque, un Munch...). Enlazo esto con que fuimos en barco desde Slussen a Skeppsholmen, la isla donde está. Y hacía mucho frío, mucho. Y nevaba.


Vista de Skeppsholmen desde el barco.
Esto sirve para pararme a explicar que es verdad que antes de navidades no había nada de frío. Nada de nada. Apenas algún día suelto habíamos bajado de cero grados. Pues bien, una semana después de venir, bajó la temperatura de repente y estuvimos sin pasar de los 0 grados tres semanas. Y la nieve... A ver: la nieve mola. Pero mola cuando la ves en esos maravillosos parajes blancos, sobre todo si es a través de un cristal y calentito, o mola cuando está recién caída y la pisas con ganas y en cualquier momento puede empezar una pelea de bolas. No mola cuando lleva acumulada dos semanas, y es una mezcla color marrón de nieve, barro y piedrecitas que dejan por la calle para que la gente no resbale. En ese punto, no es nieve, sino MIERDA MARRÓN acumulada en la calle. Eso sí, las fotos, preciosas.



Mierda marrón.
En esta entrada, que creo que es larga ya de sobra, me dejo en el tintero la siguiente lección sobre la noche sueca, en la que  (Spoiler alert) voy a un sitio de salir por la noche sueco pagando mi entrada y todo. En cualquier caso, espero escribir pronto, ya que tendré que contar. Mañana me voy a Londres, primero de tres viajes en los próximos dos meses. Pero eso es otra historia, y ya la contaré más adelante...


Bosque y lado congelado en Råcksta.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Antes llega la Navidad a Estocolmo que a El Corte Inglés.

Sábado 29 de noviembre. 12:15 de la mañana. Me encuentro en el patio del Kungliga Slottet o, en cristiano (y aquí, además, protestante), el Palacio Real de Estocolmo, y estoy viendo el cambio de guardia en versión cutre ya que, según parece (o al menos, según imágenes de mi "Guía Azul. Capitales Nórdicas"), la versión chula tiene caballos y todas esas cosas dignas de que la gente las vaya a ver. Entre el pensamiento de que estoy viendo una soberana tontería y que me pregunto hasta qué punto las escopetas de los chinos y lo que empuña esa gente pueden tener similitudes, me doy cuenta de que no siento mis orejas; más bien, unos segundos más tarde toco y noto que no es que no las sienta, sino que me duelen. Está empezando el invierno. Y tengo que comprarme ropa de abrigo. 

Cambio de guardia en Kunsliga Stolett.
Sí, es verdad que hace un mes que no escribo. Pero en mi defensa diré que es que hago alguna cosa de vez en cuándo...y que la semana pasada empecé un amago de entrada...pero que no cuajó. Me limitaba a contar cosas concretas, lo cuál estaba creando una entrada súper, súper petardo. Así que, ahí voy intentando mejorarlo un poco. 

En primer lugar, a lo que iba. Hace un frío que pela. Es cierto que no lo refleja el termómetro, pero cuando hay algo de aire, corta. Y, por otro lado, con la bajada de las temperaturas aquí (y también en España), me doy cuenta de que me vendieron bulos. Aquí no hay ni nieve, ni renos. Menudo pufo. 

Por otro lado, la vida en TVArk avanza semana a semana. Tras una semana agobiante a final de octubre/principio de noviembre terminando el cerramiento perforado de Axfast, el proyecto ha ido avanzando poco a poco. Hubo ciertas dudas en la composición del techo de un hueco de escaleras con los falsos techos...lo que generó varias opciones distintas (adivinad quién tuvo que ir haciéndolas en 3D...). 


Segundo desayuno este último lunes, en que Mårten, amablemente, trajo pan de verdad.

Por otra parte, el concurso de Örebro (un programa de 17.000 m2 entre actividades culturales y una pequeña parte de vivienda) va cogiendo una forma chula, después de aproximadamente 70 ó 80 propuestas volumétricas distintas (y sí, hicimos cada una de ellas en maqueta). Esta semana Pilar y yo hicimos un conato de diseño de unas pérgolas para una pequeña plaza que se genera entre los edificios de alrededor y dos existentes. De todas formas, hay que decir que, pese a nuestra primera aproximación al trabajo de diseño en la oficina, ya tenían algo en la cabeza, y se limitaron a rechazar educadamente lo nuevo que les dijimos...
Por último, estamos trabajando en la remodelación de dos pequeños edificios (suman unos 350 m2) en una escuela en Krabbesholm (Dinamarca). Andamos haciendo maquetas, dibujando planos base, y modelos 3D. 

Estar en la oficina un total de 9 horas al día te priva de ciertos privilegios, como el de ver la luz del sol al aire libre. Más que nada, porque a las 3 es ya de noche. Sí, a las 3. Y aún quedan 3 semanas para el solsticio... Pero bueno, se lleva bien. Incluso algún día me quedo un ratito más allá de las 6 en la oficina mirando alguna cosa para el PFC. Y he descubierto que en Kulturhuset (Casa de la Cultura, en Sergels Torg) hay un par de teclados que, si te llevas los cascos, puedes tocar. Y tienen una pequeña biblioteca con partituras, además. 


Panorámica de Sergels Torg por la noche. El edificio de la derecha es Kulturhuset.

Bien, dada la actualización pertinente de qué pasa en la oficina, paso a hablar de un tema interesante y que en la anterior entrada traté de manera superficial: salir de fiesta en Estocolmo. Creo que nos habíamos quedado en la conclusión de que no te dejas el sueldo por salir a tomar unas cervezas de vez en cuando. Cierto. Pero, ¿qué haces para tomarte unas cervezas más a menudo y no estar sangrando coronas continuamente? Pues las compras, y te las tomas en casa de alguien que tenga disponible su piso. Y aquí pasamos a un asunto interesante de ver desde afuera, terrible si lo sufres desde dentro: el Systembolaget.

¿Qué es el Systembolaget? Como su propio nombre indica, es una tienda de bebidas. Mejor dicho: es LA tienda de bebidas. Porque aquí el alcohol funciona como un monopolio del estado. Y me diréis: no, en los supermercados hay cervezas. Cierto, pero esas cervezas tienen un máximo de 3´5%.  Para comprar bebida alcohólica real tienes que ir a esas tiendas que, bien porque están repartidas en la ciudad, pero mal por sus horarios. Aún recuerdo la que se montó en Coruña cuando prohibieron la venta de alcohol a partir de las 10 de la noche, eliminando así la costumbre de comprar en el Opencor de la que se iba de fiesta. Pues bien, el Systembolaget abre hasta las 8 de la tarde por semana, y hasta las 3 (sí, no me he confundido, 3) de la tarde los SÁBADOS. Y pensaréis: qué mal funciona esa sociedad. Y os diré: tenéis toda la razón. 


Systembolaget, dentro de un centro comercial.
Por otra parte, una vez consigues un piso libre, y pillar abierto el Systembolaget (a última hora un sábado las colas pueden ser de foto (sé de quién la ha sacado)), te lo puedes pasar bien tomando algo de forma bastante asequible. Sin ir más lejos, Álex hace una fiesta en su piso de 22 m2 el sábado que viene. Así que os invito a venir a todos los que queráis. ¡Hay sitio de sobra!

Por último, trataré de hacer una pequeña aportación cultural a la entrada, que va tocando. Es cierto que salvo cosas muy contaditas, Estocolmo a nivel de piezas individuales de arquitectura no puede hacer frente a la mayoría de ciudades importantes europeas, pero aún así tiene su encanto, y puedes sacar cosas que estén bonitas. 


Sankt Jakobs Kyrya, en Kunsträdgården (S. XVI-XVII).

Ya he publicado sobre la Stadsbiblioteket, la Markuskyrka o el Skogskyrkogården (a los dos últimos he vuelto el día de todos los santos, y en el cementerio habían puesto velitas por todo el bosque. Una pasada verlo de noche), pero puedes ir sacando cosillas de aquí o allá, tipo diversas iglesias, museos, palacios, y alguna pieza aislada de arquitectura moderna. En cualquier caso, tengo bastantes cosas por ver aún (muchas de las cuáles, porque cobran entrada...)


Muestras de arquitectura reciente en Estocolmo. (De izquierda a derecha) Aula Medica en el Karolinska Institutet (Wingårdhs, 2013), Sven Harry´s (Wingårdhs, 2011) y Bonniers Konsthall (Johan Celsing Arkitektkontor, 2006).

En resumen, que Estocolmo es una ciudad muy bonita de visitar, aún cuando tenemos unas seis horas de luz al día...que serán menos aún. Sin embargo, la parte buena es que aquí tienen pinta de navideños, y hace un buen par de semanas ya que la iluminación navideña anda por ahí colocada. Así que me despido con una foto del tema... y supongo que hasta vuestras navidades, que están ahí  y para las que volveré, como el turrón. 

Drottninggatan, exterior del centro comercial Ahlens.

miércoles, 23 de octubre de 2013

La vuelta a la tecnología, la noche estocolmesa y otras historias.

Está claro que, quien dice un par de días, dice dos semanas...o casi. No pasa absolutamente nada. Lo que tiene la vida en un lugar en el que hace un frío que pela y que a las 5 de la tarde es casi de noche (se nota muchísimo que cada día anochece más pronto) es que, al margen de la larga jornada de trabajo, tampoco haces una barbaridad más durante el día. Diréis: ¿y por qué no te vas a ver alguna cosa, o algún museo? Pues fácil: porque las actividades outdoor ha llegado un punto en que son prácticamente para valientes, y porque para entrar en un museo, salvo en ocasiones contadas y momentos señalados, nadie te libra de pagar tus 100 coronas por entrar (a estas alturas no debería tener que hacerle la traducción a nadie, pero 100SEK=11,5EUR (aprox).

De todas formas, sí que alguna cosa he hecho. Aparte, en la anterior entrada me había quedado en el día del apagón digital. Esa semana siguiente fue un poco extraña, aparte de terriblemente tediosa. Día tras día llegaba a casa para comprobar que seguía sin internet... Así que, ni series ni nada... Por lo menos, me leí Los Hombres Que No Amaban a Las Mujeres. Opinión personal: es un libro muy entretenido (tanto, que me estoy leyendo la segunda parte de la trilogía), pero de bien escrito...no está muy allá, la verdad. Y, por cierto, si hay algún interesado, la primera foto que puse en la entrada anterior es una vista de Götgatan, que es la calle donde está la redacción de la Millennium. La calle de mi estudio es una bocacalle que está más o menos al otro lado de la calle, hacia el sur de Södermalm (Blekingegatan, concretamente). 

Esa semana, también fui con Adolfo un día al salir del trabajo a ver la biblioteca de Asplund por dentro (el primer fin de semana fui, pero a las 5 de la tarde en sábado ya había cerrado...). La verdad es que es un edificio que hace justicia a su reputación. A falta de verlo de día, el espacio central, aún iluminado artificialmente, es gential. La decoración está muy cuidada en todo el edificio y da un poco el contrapunto con la simplicidad de la volumetría (después de todo, es un prisma con un cilindro encima). De ahí la importancia de un edificio de mediados de los 1920: de la modernidad que se ve en un edificio de concepciones, desde muchos puntos de vista (ejes de composición, decoración...), clásicos. 

Panorámica del espacio central de la Stockholms Stadsbiblioteket (Erik Gunnar Asplund, 1928).

Esa semana también dibujé un poco, concretamente un día en que estuve un rato en la isla de Skeppsholmen (que es donde está el Moderna Museet, de Moneo, y al que no he entrado aún porque quiero prepararme la visita; la entrada son 100 coronas). Visité la Skeppsholmskyrka, que es una iglesia de planta octogonal, de la primera mitad del siglo XIX. Es de espacio central, con interior típicamente neoclásico y cúpula con casetones. Sin más. Lo interesante fue que cuando entré, había una orquesta que parecía de un conservatorio o una escuela de música, y estaban tocando un fragmento de la OST de En Busca del Arca Perdida.

Skeppsholmskyrkan (S.XIX), en la isla de Skeppsholmen.

La semana siguiente volvió internet. Y justo el día en que volvió y que escribí la anterior entrada, fuimos a una especie de sarao sueco de una empresa de diseño en su workshop, al oeste de Södermalm, en un local dentro de un conjunto fabril reaprovechado para oficinas muy chulo. Se lo montan bien. Fiesta desde las 3 de la tarde a las 10 de la noche. Y lo importante: cervezas y burritos gratis. Fuimos los cuatro becarios y Måns, que es uno de los arquitectos del estudio. Estuvo chulo tomar ESTRELLA DAMM en Estocolmo y sin pagar un duro... No es muy común. A Tomek, el polaco, le vamos enseñando a hablar español poco a poco. Ese día aprendió a decir "cerveza". Y hoy nos sorprendió con un "joder, me cago en todo". Pensé que me moría de risa. 

Sarao en la Workshop.
Diversos productos, con botellas de cerveza y media cabeza de Adolfo, dando escala.
Ese fin de semana (sitúo, hablo del correspondiente a los días 12 y 13 de octubre), fuimos al parque natural de Tyresta, que está como a tres cuartos de hora en transporte público del área de T-bana (metro) de Estocolmo. Estuvimos todo el día caminando por allí. Es un lugar muy guapo de visitar, y además tuvimos buen día. En cualquier caso, en invierno habrá que hacerle otra visita con todo nevado a ver qué tal está. Muy impresionante el área que se quemó en un incendio en 1999, en medio del parque. Está en medio de una ruta, y es un fragmento del camino en que desaparecen todos los árboles, y sólo hay vegetación "baja". Adjunto foto. 

Lago Stensjön, en el Parque Nacional de Tyresta.
Zona quemada en 1999 del Parque Nacional.
El mismo sábado, por la noche, Tomek, Adolfo y yo salimos a tomar unas cervezas por ahí. Capítulo aparte aquí. La noticia es: se pueden tomar unas cervezas por Estocolmo por ahí sin que te salgan agujeros en los bolsillos. Eso sí, hay que saber lo que pedir y dónde buscar. El cálculo es que nos tomamos en un bar dos cervezas de caña, por 39 y 49 coronas y tamaño 400 y 600 ml. Así que pagamos en total 88 coronas por un litro de cerveza en un pub de noche. NO ES TAN TAN CARO. 
El problema: a la una y poco tocan una campana (Last call!!!). Para ese momento, ya habíamos estado hablando un rato con una sueca que parecía que le tiraba la caña a Adolfo en primera instancia, pero que a los cinco minutos nos presentó a su novio. Lo interesante es que nos invitó a snus. ¿Qué es snus? Son como unas pastillas con envoltorio que te metes debajo del labio. En teoría son de tabaco. Osease, que te las metes debajo del labio y la sensación es como si fumaras...o algo así. Mentira cochina. Al principio tienes una sensación extraña...para acabar derivando en que cuando me levanté a por la segunda cerveza me empezó a entrar una sensación extraña como de...¡querer ir a vomitar al baño! El caso es que el snus ese es muy común aquí. Uno de mis jefes, por ejemplo, está todo el día con él. Lo venden en el supermercado, y creo que está a unas 55 coronas la cajita de 25. Y dura dos horas. Un chollazo, vamos.
Este último sábado salimos a por una cerveza también, y a la 1 y poco nos echaron del sitio. ¿Qué hacer después de eso? Entrar a las discotecas de aquí. ¿Qué pasa? Hay colas, y muchas de ellas cobran. Aunque habrá que intentar colarse algún finde de estos...

La entrada es ya de una dimensión razonable, así que me guardo las cosas del estudio y algún detalle más para la próxima. Sólo un par de cosillas más. Uno: ¡que alguien me mande por dios una ayuda para pasar del nivel 65 del Candy Crush, que soy un fenómeno, pero si nadie me manda eso por facebook no puedo pasar! Dos: en la oficina hemos hecho una especie de porra sobre este concurso de arquitectura http://www.nobelcenter.se/program/design-proposals-2/, a ver quién acierta de qué oficina es cada proyecto. El que quiera hacer otra, ¡que me comente y apostamos algo! Y tres: dejo la definición gráfica de andar por la calle, tomada el sábado pasado. ¡Un bratzo!

Estación de T-Bana de Medborgarplatsen, sábado 19. Al irme a casa a las 2, ya eran -3...

jueves, 10 de octubre de 2013

Sociedades buenas, mediocres, y la sueca.

Se suele decir de Suecia que es un país súper desarrollado. Bueno. Pues la experiencia de mi primer mes (sí, ya va un mes, y sólo tres entradas en el blog) dice que es una sociedad desarrollada, pero sólo en cierto sentido. Sí, es cierto que sus políticos no se suben un 28% la financiación de partidos en contraste con el 0,25 de las pensiones. Sí, es cierto que tienen unas prestaciones enormes que forman un gran sistema pagado con una gran conciencia social de su sistema de impuestos. Pero la otra cara de la moneda es que comen a las 12, cenan a las 6,  una jam session de blues empieza a las 3 de la tarde en sábado y, sobre todo, que he estado UNA SEMANA Y CUATRO DÍAS sin internet en casa, a la cual, además, no llega correctamente el 3G de TELIA, estando en una zona residencial.

La primera mención de esta entrada es para aquellos, el adjetivo es una mezcla de muchas cosas, no sabría elegir cuál, que me recomendaron el Candy Crush. Matarlos sería bien poco. Y, por cierto, me he terminado el Lago de la Limonada. ¿Qué demonios hago ahora para desbloquear los siguientes niveles (a partir del 35)?

La ausencia de internet durante los últimos diez días ha hecho que tenga que comprimir un poquito cosas que he hecho en este tiempo aunque, a decir verdad, tampoco ha sido una barbaridad precisamente.

Vista de Götgatan, en Södermalm (al lado de mi oficina). El edificio que se deduce al fondo, blanco, es el Globe Arenas.

Mi última entrada fue a mitad de la semana del 23-29 de septiembre. Reitero que mi horario de trabajo es de 9 a 18h, así que, por lo general, vuelvo para casa al terminar. Ese viernes, sin embargo, quedé con Pilar (de la oficina) a casa de un compañero de trabajo alemán de Álex (de Santiago, amigo de Adolfo (de la oficina)), que había terminado contrato y se volvía a su Hannover. El caso es que el chico vivía en un ático en Gamla Stan (la isla del centro si miráis el plano, donde está la ciudad antigua) súper curioso, en el mismo edificio de la embajada de Angola, bastante lujoso (adjunto foto).

Planta baja de la Embajada de Angola (Gamla Stan).
Al día siguiente, sábado, fui con Adolfo y con Tomek a ver la Markuskyrkan, de Lewerentz. Estuvo muy bien. La verdad es que es un edificio nada extravagante, pero muy bien cuidado, tanto a nivel formal como tectónico. El ladrillo está tratado de una forma estupenda, tanto en el interior como en el exterior, y el interior de la iglesia en sí (el edificio es un conjunto de iglesia y salas polivalentes), con techo formado por semibóvedas moduladas en grupos de tres es un espacio muy atractivo. Tuve la ocasión de visitarlo al terminar una boda que, cosa curiosa, oficiaba una mujer (otro punto a favor de la sociedad sueca, luteranos ellos. Según tengo entendido, la obispA de Estocolmo es lesbiana).

Markuskyrkan (Sigurd Lewerentz, 1956).

A continuación nos fuimos a un bar de Gamla Stan donde había una Jam Session de Blues. Estuvo bastante bien y estuvimos más de una hora. Problema: una cerveza (San Miguel, por ejemplo, que la había), 60SEK (remito al primer artículo, párrafo sobre la Corona Sueca, 7 euros). Luego, para casa y a ver, de tranquis, el Real Madrid- Patético (más bien al Real Madrid patético). 

Y al día siguiente, llegó el apagón digital. Cuando volví a casa, internet se había muerto (ojo, estoy hablando del domingo 29 de septiembre), y no volvió hasta hoy. Qué hice desde ese día hasta hoy, va en la siguiente entrada, en un par de días. Ahora cuento el resto del domingo. 

Otra vista de mi habitación.

Ese día me fui a la compra por la mañana al LIDL (y sí, habéis leído bien, era domingo. Aquí abren los comercios, pero luego cierran el sábado a las 6 de la tarde y cosas así. Están locos estos suecos), y por la tarde fui a IKEA con Pilar.

Dedico capítulo a la compra. Adjunto lista de la compra del domingo 29 y traduzco alguna cosilla para comentarla. 

Recibo de la compra del LIDL.
Primer objeto: manzanas a 22SEK/Kg. Es decir, 2,50 euros. Y manzanas normalitas...normalitas. 
Segundo objeto (Schwarzwaldskinka): ¡jamón serrano! Bandejita de 100gr de salado y malo a rabiar, 14SEK (1,60 euros).
Salto alguna cosa. Paso a Ägg frigaende. Por 13SEK (1,48 euros).... ¡media docena de huevos!
Exalto estas cosas por llamativas, pero la compra tampoco es cara en extremo realmente. las 191SEK totales son unos 22 euros. Un brick de leche unos 85 céntimos, 500g de espaguetis unos 60... Pero el pescado y la carne buena sí que son súper caros. El día que me compre algo de ese estilo adjuntaré recibo. 

Vällingby Centrum, cerca de mi casa, y enfrente del LIDL (White Arkitekter, 2009).

Paso al IKEA. Hay dos IKEA en Estocolmo. Fuimos al que está al sur, cerca de Skärholmen. Como dato, hay que decir que es el IKEA más antiguo que hay. De hecho, es único. Adjunto foto del exterior y de una planta. La organización es completamente distinta a la del resto de IKEAs. Se organiza en torno a una planta circular, con pasillos que bordean un espacio central, al que se accede con pasarelas, y una rampa lo va bordeando todo alrededor para comunicar las diferentes plantas. Existe la visita guiada con flechas, pero sólo en los puntos del área rectangular que aparece arriba. El resto es más tienda normal y menos IKEA aunque lógicamente, a la vez, es el IKEA más original y genuino que hay. 

Planta del IKEA de Skärholmen.

En cuanto a precios, muy normalitos. He comparado algunas cosas con España y el valor es muy similar, incluso pasando coronas a euros. Me compré unos tupers, una mantita, ropa de cama, edredón (llevaba semana y pico en el piso durmiendo con abrigos por encima), almohada (llevaba semana y pico en el piso durmiendo sobre un brazo), unas sartenes, una bandeja para el horno, unas perchas... Y al salir, ¡unos perritos! Están a 5 coronas, así que sólo un 11% más caro que en españa. 

Vista exterior del IKEA Skärholmen.

Me despido hasta dentro de unos días, dentro de los cuales intentaré poner esto al día. Así podré contar con un poco de calma cuestiones del trabajo.
Spoiler alert: esta semana volvió el otoño, pero ya se fue otra vez. Y una escalera de caracol me está volviendo loco. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Ya hace un frío que pela.

Hace semana y dos días escribía que no hacía un frío que pelaba...aún. Y era verdad. El verano declinaba pero aún se resistía a irse en Estocolmo. Pues bien, al día siguiente de escribir, llegó el Otoño. ¡Y llegó fuerte! 
Ese día, domingo, puse el despertador para las 7:00AM. Pues no sé cómo, pero a la mañana siguiente me desperté a las 8:08, me tiré litera abajo, ducha, etc...para descubrir cuando salgo a la calle que está lloviendo a cántaros y que habíamos cambiado de estación abruptamente aquella noche. Prisas, mojadura, T-Bana (metro) y entrada al primer día de trabajo hecho un pitín. Konrad, mi contacto, me recibe y me da las instrucciones básicas del estudio, tareas de los internos, etc.

Total: me siento, y empiezo a trabajar en el que es mi escritorio desde hace una semana. Súper amplio, con buena pantalla, y un ordenador que tampoco pensemos que es una maravilla. Pero con una red interna de la oficina que funciona bastante bien, y donde hay una INGENTE cantidad de información de proyectos actuales y pasados que, por aquello de la confidencialidad y de contrato, no puedo divulgar (por si a alguno, y tengo algún nombre en la cabeza, se le ocurre pedirme que pase cosillas).
Los internos, que por el momento somos Adolfo (que estudió en la escuela, ¡mira que es pequeño el mundo!), Pilar (de Pamplona, pero que estuvo un año en la escuela también) y Tomek (es polaco, también estuvo un año...no, es coña) tenemos que, además de hacer nuestro trabajo de arquitectos, tener más o menos abastecida la cocina (siempre hay bastantes cosas para comer), tener café hecho, tirar la basura y poner el lavavajillas.
El tema del idioma es curioso, porque es un poco como de separación de castas. Por un lado, están los arquitectos, que hablan sueco entre ellos (incluso Carmen, que es española), y los internos, que hablamos español entre nosotros (menos con Tomek, claro). Por último, entre castas nos comunicamos en inglés.

Foto de la oficina, casi desde mi punto de vista actual. Es un poco antigua, ahora todo está algo más despejado y mejor amueblado, pero sirve para dar una idea. 

En lo puramente arquitectónico, de momento he hecho un levantamiento de la volumetría de un área de Estocolmo para visualizar la implantación de una especie de tiendas de IKEA, aunque es un proyecto que no tenemos muy claro ninguno de qué va exactamente. Luego he hecho una recopilación de obras como referencia para un edificio de viviendas de ladrillo de planta curva, y llevo una semana con un 3D súper puñetero de un edificio en Upsala (www.tvark.se/axfast/). Resulta que al final se cambia el cerramiento de vidrio por una doble piel, con la exterior de chapa perforada. Pues cada pequeño cambio que se va haciendo y que vamos viendo en el proyecto me lleva un mundo, y poco a poco voy renegando y acordándome de los inventores del SketchUp uno por uno...

Por lo demás, me voy haciendo ya a la rutina de la oficina. Entrar algo antes de las 9. Un café. A las 12 y poco la gente come, o se va a comer, cosa que aún me voy resistiendo a hacer, aunque a la 1 como muy tarde, comiendo. Un rato después, otro café, y a las 5 y algo, un poco de pan sueco con queso (cortesía también de la oficina, ¡la gente allí come un huevo!), y a las 6 ó 6 y algo, para casa.

Pan con queso.

¡Que ya tengo casa! Vivo con un sueco que se llama Jörgen, y bastante bien. Problema, que es bastante caro y tardo 45 minutos desde el portal a la entrada del estudio, así que en un tiempo si me surge algo bien por ahí, habrá que estar atento para hacer un cambio. Estoy en una zona que se llama Vällingby, que es un área residencial de las primeras planificadas en Estocolmo, allá por finales de los 50 o principios de los 60. Hay un área comercial dispersa en varios edificios distintos donde hay un poco de todo: tiendas de ropa, H&M (imprescindible), McDonald´s, LIDL (también imprescindible)...
Me mudé aquí el miércoles pasado, y aún se estaba bien. Había fresquillo.

Vista de mi habitación.

Ayer empezó el invierno. Y hace un frío que pela, pero lo dejo para la siguiente entrega. Hay 5ºC fuera ahora mismo, y esta semana las mínimas van a tender hacia los 0ºC. ¡Al loro!

domingo, 15 de septiembre de 2013

No hace un frío que pela...aún.

Espero que se capte la ironía de la imagen de fondo.
Bien, no hace un frío que pela...aún. Aunque hoy ya se ha notado un cambio gordo en la temperatura, y también en el cielo. Al llegar hace tres días a Estocolmo había un calorcillo bastante agradable, incluso agobiante por momentos por la humedad que hace aquí. Según los autóctonos, al verano le quedan dos semanas como mucho, y eso porque el tiempo está loco y los inviernos "no son como los de antes". 

Hablando de autóctonos. Puede que en sucesivas entregas tenga que matizar las cosas, pero a base de echar tiempo en el metro y por la calle (eso sí, antes de las 7 de la tarde; más allá de eso, ya están cenando por ahí o en su casa) te encuentras con que el sueco/sueca es un ser peculiar. Si bien es un poco pronto para definirlos en cuanto a su carácter (aunque sí tiene toda la pinta de que todos los tópicos sean ciertos), hay que aclarar ciertos puntos en cuanto a su físico. El mito de las suecas es MENTIRA. Me explico. Llaman mucho la atención, es cierto. Pero todo es debido a que, esto sí que es verdad, la sueca es una sociedad muy rubia. ¡Y hasta es cierto que muchos tienen los ojos azules! Eso sí, lo de irte girando por la calle...es otra historia. Y ahí empieza el mito. No es para tanto, ni mucho menos.

Vista de Strandvägen desde el Djugardsbron.

Pasando a otros menesteres, aclaro el tema de la moneda. Hablaré normalmente en SEK. El SEK es la abreviatura de la Corona Sueca. Aviso: es una moneda terriblemente endiablada, y más si no tienes cuidado al hacerte tu propia traducción al euro. Un euro no son 10SEK. 10SEK es 1´15 euros. Y sean 8, 10, 12, o las SEK que quieras, aquí todo está muy caro. Es verdad que el McDonald´s es barato, sólo ligeramente más caro que el de España (también los Kebaps). Pero tomar una cerveza en un bar por ahí no baja de 40SEK (me remito al principio de este párrafo), y eso siendo una cerveza de las malillas... No creo que sea pronto ya siquiera para decir que este año voy a echar de menos Casiña....¡y mucho!

Otras cosas...Pues el albergue no está muy mal, aunque es un poco zulo. Es una especie de subterráneo de estos que abundan aquí, y algunas habitaciones tienen luz natural, y otras no. El internet, sin embargo, funciona muy bien y hay café y te gratis. 
Y lo más importante. ¡A mitad de esta semana me voy a un piso! Encontré a un tipo sueco que se llama Jörgen, que tendrá unos veintimuchos, creo que no debe llegar a los 30. Está bien. Es una zona residencial al noroeste del centro. Concretamente, es un barrio de los primeros planificados en los años 50 aquí. Tiene cerca un pequeño centro de comercios (incluido un LIDL, importantísimo), y es agradable. De ahí, unos 35 minutos en T-Bana (el metro de aquí) hasta el estudio.

Sólo he estado allí de visita el viernes y empiezo a trabajar mañana. Pero bien, se le ve limpito. Al final somos CUATRO españoles, aunque tres somos becarios, con lo que nuestra supremacía se ve un poquito mermada con ello... Pero bien, se ve buen ambiente, buena luz para trabajar (ahora que hay luz) y un cafecillo a media tarde (media tarde aquí son las 3 o así, ojito con los horarios que tiene esta gente). 

Por lo demás, voy viendo por ahí cosillas por la ciudad y alrededores. Realmente ya he pasado por delante de la biblioteca de Asplund y he estado en el Cementerio del Bosque. Pero ya iré contando sucesivamente las cosas según las vaya viendo bien. 
Sí que puedo decir que me he dado un buen garbeo por el Cementerio esta mañana. Está bien, aunque sí hay que decir que sin despreciar ninguna parte, de lo más reseñable es el área que sale en la foto típica: el acceso, con las colinas enmarcando las capillas que van apareciendo. Luego, van apareciendo las distintas capillas, y el Centro de Visitantes. El ambiente que se crea, de todas formas, es muy bonito. Eso sí, lo empeoran un poco todas las señales que hay...y los coches que pasan por alguna de las vías, además del ruido de la carretera y el T-Bana, que pasan justo por el perímetro. 

Skogskapellet, en el Skogskyrkogarden.
Según vaya viendo o haciendo más cosas, iré escribiendo. Mañana es el primer día del trabajo, fecha clave. A ver qué se cuece.